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2007/10/05

LOS MOROCHOS TWINS.

LOS MOROCHOS TWINS.
Shoqin y Mineli


Agosto 8 de 1972

Un cuerpo, al parecer humano, cae aparatosamente desde lo alto del puente de la Bruckner Avenue. De nuevo, Michael Neil Lincoln, conocido en los suburbios del Bronx como “Mineli”, yace incrustado por el impacto sobre el lecho ribereño. Con cierto esfuerzo, pero sin queja alguna, se incorpora Ileso a pesar de su salvaje desalojo, humillación y lanzamiento despiadado a las lodosas y malolientes aguas del East River por los guardias de seguridad del “Lisergium Bar”, “Mineli” una vez más se reordena la vestimenta en armonía absoluta, repule el calzado sobre las mangas de su ajustado sainttropez y afina su instinto supremo hacia lo que resta de oscuridad sicodélica. Eran las 3:30 a.m., alineó sus anteojos oscuros “MaxiVisión”, miró su macizo reloj de oro ya libre de barro, sintió que aún era tiempo para echar un pié, para descargar su poder en la pista, se enfilaría decididamente a otro de sus antros favoritos: el “Cannabis Club” donde probablemente tendría la ocasión de poseer el “Salón Diamante” a su antojo por algunos minutos, podría darse con todo en la pista iluminada por tres mil seiscientos focos estroboscopios multiplicados por un centenar de bolas de espejo, antes de que sus detractores, envidiosos de su insólito poder magnético, los guardias de cuero, cual perros rabiosos, desalmados con cachiporras, incapaces de soportar el irresistible y popular “CharmMineli” y plenamente concientes de su consistencia genital, capaz de arrasar sin contemplación alguna con todo lo que se moviera rítmicamente sobre el tarimado de metal cromado, volvieran a tomarlo una vez más y lo patearan compulsivamente hasta los límites del alucinógeno club, frontera entre el poder del funk, el humo fucsia, las acidqueens y los primeros rayos del día niuyorkino. Antes de que esto le sucediera a Michael Neil Lincoln “ Mineli” tal y como le había venido sucediendo de manera sistemática desde sus trece años, del otro lado del río, en uno de los baños del exclusivísimo “HolyTrip Dancing”, establecimiento de profunda raíz underground, Sheldon Quinnlan, mejor conocido como “Shoqin”, copulaba salvajemente con dos negras de origen zulú, que por esos días estaban residenciadas en el loft de un buen amigo de Manhatan, el famoso establecimiento de la 132 East, se estremeció cuando “The Cute”, el hipertrófico guardaespaldas privado del propietario, bizco y de origen chicano-maracucho, detectara actividad sexual desproporcionada en el interior de uno de los baños de damas, el insoportablemente atractivo “Shoqin”, fue extraído con los ojos en blanco de su inaudita convulsión tetosterónica por la mole de 1.98, arrastrándolo por la espesa cabellera, usándolo literalmente de coleto sobre los viscosos pavimentos de la boite nocturna, los otros dos guardianes se aproximaron a la escena viendo el prodigioso desenvolvimiento de su superior y comenzaron de inmediato y de manera enfermiza a pellizcar sanguinariamente sus orejas, y patear sin contemplación alguna sus pobladas axilas.
Desapareció de la pista ante la desconsolada mirada de sus innumerables adimiradoras. Jalado cual fardo se esfumó a través del largo y estrecho túnel de salida, solo la luz negra reinó, a “Shoqin” lo echaron una vez más, como otras tantas veces yacía a las puertas del “HolyTrip Dancing” cual masa informe sobre un pavimento de colillas, observó como su amplia visera oscura, fabricada exclusivamente por RayBan, filtraba sobre sus dilatadas pupilas, afiladas y negras puntas de un calzado que obviamente no pertenecía a sus torturadores habituales, con dificultad elevó la mirada hacia el cielo, quedando perplejo ante su propia imagen, no sabía si lo que estaba viendo ante sí, era producto de la golpiza profesional propiciada por el tuerto, de los “SunShine” o los “Púrpuras” incontables consumidos minutos antes del aquelarre de ébano, o se trataba de una revelación mística, un egregor cósmico, un ectoplasma lumínico, un clon psicotomimético que le miraba profundamente desde lo alto, rasgando a través de sus inmaculados anteojos ahumados, también RayBan, sus ultravioletas entrañas. Por un instante pensó que había llegado su fin, cual Presley, Joplin, Morrison, y otros muchos de sus ángeles malditos, sobredosis pensó: …o no, más bien las negras…,¡…siiii, ellas, fueron ellas, me jodieron inoculándome alguna exótica y extraña sustancia africana, debí absorberla epidérmicamente a través de sus lenguas, a través de sus nalgas, una especie de locovich negro capaz de llevarte hasta donde me encuentro: en el propio umbral entre la vida, la locura y la muerte…!.…que vaina tan potente…!, vaya polvo…!Mientras, por su exhausto cerebro, desfilaban éstas y muchas otras incógnitas, su propia identidad, corpórea, física, tridimensional, es decir, la que yacía erguida a su lado, comenzó a inclinarse lentamente, gritándole de forma telepática que el momento había llegado. ¿Pero que momento podía ser ese…?Se formulaba esta nueva interrogante cuando percibió como su cuerpo era suspendido y catapultado surcando el aire a una impresionante velocidad producto del magistral “redi” que solo “The Cute” podía propiciarle.Un segundo después del terrible impacto contra su propio espectro Mineli, se descubrieron ambos impresos sobre el parabrisas de un Plymouth Barracuda modelo 1963, “Dance to the music” cesó súbitamente, su hipnótico ritmo se apagó tras el estruendoso impacto producido por el cierre de los metálicos portones del tripógeno club, tras éstos, quedaron encerrados sus torturadores, sus fans, sus negras, sus frenéticos bailes y todo lo que su amado condado de Nueva York le podía ofrecer en la oscuridad nocturna del Bronx, sobre el oblicuo cristal del deportivo rojo escarlata, en medio de la 132 East, yacían él, “ Shoqin”, junto a él, “EMineli”, su par, su igual, su hermano…, …su morocho..., el twin presentido, el idéntico intuido!
Levemente adoloridos, sin pronunciar palabra, asombrados por el recíproco descubrimiento de sus nítidas similitudes morfológicas, tridimensionales y energéticas, decidieron despegarse del cristal automotriz estallado por el choque de sus cuerpos, juntaron las manos, dos fuertes palmas hicieron, pegaron un leve brinco atrás, hacia delante empujaron las caderas, 1, 2, 3, salto al revés, miraron al frente, miraron atrás, agacharonse, giro salamandro, sus ejes en uno, otra vez agacharonse, con un pié, con el brazo no, con el hombro, y moviéronse en zig zag, y descubriéronse triangulando la mirada, fusión en punto de morocho, lograda conjunción Twin, en dimensión Twin, como si desde siempre, siempre hubiere sido, mitad con mitad, lóbulo con lóbulo, izquierdo con derecho, en el fondo muy probablemente siempre lo supieron, pero sobre todo en ese momento sabían, que a la vuelta de la esquina, dos calles más al oeste, les aguardaba “Demencial Queen Discotheque” conocido en los ghetos latinos com “El Despertar”, galpón que soltaba al final de cada noche más de 4.000 watios de puro poder fonky, abriendo sus puertas cada amanecer a las insómnicas almas abandonadas del Bronx, a las almas ávidas de ritmo, éxtasis, delirio y alucinación.
Hacia “El Despertar” se enfilaron, ya eran la fórmula indivisible, la amenaza magnética del Bronx hecha carne morocha, hecha química Twin, se habían conjugado, y no se detendrían, no quedaría bar, discoteca, antro, club o taberna del condado que no fuera testigo del inusitado poder de los Twins, a partir de ese momento y en adelante, usarían una única imagen, un único look, un único par de lentes, una absoluta y genuina fuerza twin en lo que la historia reconocería décadas más tarde como

“LA DIMENSIÓN TWIN, el arte magnético de Shoqin y Mineli “LOS MOROCHOS TWINS”.

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