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2007/10/05

POESIA DE LA MENTE

POESIA DE LA MENTE
Enrique Enriquez

De izquierda a derecha, el primero tiene que abandonar una influencia opresiva, liberarse de ella. El segundo debe permitir que la vida le aplique un torniquete y le fracture el espinazo, para adquirir la flexibilidad que necesita. El tercero debe buscar una silla cómoda y sentarse a ver pasar el tráfico, buscar su centro, su tranquilidad, desde la cual podrá erigirse como árbitro del mundo.

De ustedes tres, dos son reyes magos y uno es camello. Averigüen quién.

Por veintiún días y veintiuna noches, entrenen como luchadores libres. Inventen identidades secretas, y si es posible, diseñe cada uno su propia máscara, que alguna amiga costurera ha de producir. Preparen una exhibición de lucha en un lugar nocturno, a la que invitarán a todos sus amigos. Allí, por una vez que será primera y última, salten al ruedo y hagan un "vale todo".

El que gane paga la cuenta.


POESIA DE LA MENTE

“Voy a usar la poesía de tu mente para darte un mensaje. Tu rostro evoca en mi impresiones sobre el contenido de tu mente subconsciente. El mensaje que te daré irá coficicado en forma de metáforas, evidentes sólo para ti.”
El arte de prescribir símbolos
Cuando una persona viene a mi, trato de detectar qué es lo que esa persona está experimentando, o padeciendo, para poder darle un símbolo que le ayude a relacionarse con su situación. En cierto modo veo lo que hago como “prescribir símbolos.”
A decir verdad creo que la palabra “símbolo” debe ser expandida aquí para incluir también mitos, metáforas y arquetipos. En todo caso, a la gente que viene a verme le importan poco esas distinciones, claro está.

Gran parte de mi trabajo consiste en usar un símbolo para llenar un vacío que veo en la persona, con la expectativa de que ese símbolo le ayudará a conseguir la confianza y claridad que está buscando. En lugar de decirle a una persona lo que necesita, le sugiero a través de un símbolo lo que veo presente en ella. Por ejemplo, en lugar de decirle a alguien que tiene que ser valiente, prefiero “ver” que la persona tiene a un león dormido en el vientre; y le explico que sería importante despertar a ese león. De esta manera el símbolo que prescribo no es definido como algo ajeno o externo a la persona, sino como algo que puedo ver claramente como parte integral de ella. Ayudo a la persona a “recordar” quien es, incluso si para hacerlo debo implantar una “memoria” en la forma de una metáfora terapéutica. No veo conflicto en implantar memorias, pues una metáfora sólo puede crecer en suelo fértil.
Cuando detecto un problema, expreso una clave simbólica para que la persona pueda comenzar a solucionarlo. No es que yo no valide el conflicto que la persona experimenta, sino que prefiero hacer un énfasis inicial en una fortaleza ignoraba u olvidada que percibo en la persona, llamando la atención respecto a cuan conveniente sería para ella hacerse consciente de esta fortaleza. No me enfoco en que la gente tiene problemas, sino en que tiene un potencial, cuya comprensión incluye la solución al problema que les aqueja. De esta manera el conflicto queda automáticamente re-contextualizado. No es que la persona sufre un infortunio, sino que el infortunio es una invitación a que la persona despierte una parte importante de ella misma, que yo percibo incluso si está dormida.
Prescribir símbolos es una forma indirecta de aconsejar. He notado que la gente olvida fácilmente ideas o conceptos. Los símbolos en cambio permanecen grabados en sus mentes.
Cuando prescribo un símbolo sigo unas reglas básicas:

- El símbolo debe ser visualmente atractivo.

- El símbolo debe ser lógico. No se trata tanto de que tenga significado, como de que tenga sentido.

- El símbolo debe estar conectado con los patrones culturales de la persona.

Esos lineamientos provienen de mi noción de “magia” como el uso intencional de símbolos para activar en la mente un proceso de transformación.

Siguiendo la lógica de la magia, hay uso dos estrategias para prescribir símbolos:

- Asociación simpática: donde el símbolo prescrito actúa como un “talismán”, atrayendo esos atributos que la persona necesita o quiere para si misma. Un ejemplo de esto puede ser el describir que la persona tiene en el pecho un ancla roja, como un modo de significar que le haría bien mantenerse emocionalmente centrada, incluso si el mundo entero coquetea a su alrededor.

- Asociación antagónica: donde el símbolo prescrito actúa como “amuleto”, repeliendo esos atributos que la persona rechaza. Un ejemplo de esto sería describir que la persona tiene alas plateadas en la planta de los pies, como un modo de sugerirle que evite el aferrarse a la rutina.

Trato de concebir la mayoría de los símbolos que prescribo como “tatuajes conceptuales”, ligando a la imagen con el simbolismo del cuerpo. Siguiendo los ejemplos anteriores, no es lo mismo tener un ancla en el pecho, que tenerla en los pies. Todo depende de qué emociones quiero ayudar a la persona a evocar. Otras veces describo el símbolo como rodeando a la persona, o parado detrás de ella, conectándolo con la idea popular de ángeles guardianes, espíritus protectores, o tótems. Puesto que esta es una técnica inspiracional, trato de seguir mis reacciones intuitivas a la presencia de la otra persona.
No tengo más “don” que una conexión diáfana con mi sensibilidad y mi creatividad. Evoco las imágenes que veo en la gente directamente, de mi mente a sus mentes, porque este es el modo en que he escogido expresar el don de mi creatividad.

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